EL DISEÑADOR DEL TORO DE OSBORNE.

¿Típico? ¿Tópico? Sí, efectivamente, una de los iconos más representativos de nuestra España cañí es el toro de Osborne. Corría el año 1956 cuando el Grupo Osborne encargó a la agencia de publicidad Azor la creación de una campaña publicitaria para la marca de brandy de Jerez Veterano. Una época todavía en blanco y negro, en la que nuestro país estaba muy lejos del glamour que refulgían las calles de Nueva York donde los mad men endulzaban el consumismo fastuoso con anuncios con coloridos brillantes.

Fue el artista gráfico Manolo Prieto quien hizo que el negro cobrara un nuevo sentido en el horizonte de nuestra España gris y sombría. Prieto asumió en 1947 la dirección artística de Azor, donde demostró sus excelentes aptitudes creativas y publicitarias durante 26 años. Inicialmente el toro desafiante, mirando de frente, atento a lo que sucede en el horizonte diseñado por Prieto fue rechazado por Osborne bajo el pretexto de que era más  apropiado para una ganadería. Lejos de rendirse, Manolo Prieto insistió  en ir a El Puerto de Santa María a defender su creación. Así nació el Toro de Osborne, una enorme silueta de toro de lidia,  concebida originalmente como gran valla publicitaria de carretera que  emergía en los paisajes entre las colinas y los parajes de nuestras  carreteras.

El primer Toro se instaló en Cabanillas de la Sierra -en la carretera que va de Madrid a Burgos- en 1957. La valla original se realizó en una sola pieza de madera y tan sólo medía cuatro metros de altura. El toro lucía los cuernos pintados de blanco y un rótulo que anunciaba la bebida. Posteriormente, las vallas fueron modificadas y empezaron a construirse chapadas en metal debido al mal mantenimiento y al deterioro causado por las lluvias. Ya en 1961, por cobraron altura, alcanzando los 7 metros. Tan solo un año más tarde, tras un cambio en la normativa de los carteles publicitarios de carretera, se instalan vallas que tienen un peso de 4.082 kilos y cerca de 14 metros de altura -similar a un edificio de cuatro pisos-. Una imagen poderosa y que dejaba petrificado a quienes viajaban por la geografía española y que en su época dorada, en la década de los setenta, la manada llegó a  superar los 500 ejemplares, que se dispersaron hasta por Ceuta,  Baleares, Canarias, Guinea e incluso el Sahara.

En 1988, la Ley General de Carreteras obligó a retirar la publicidad de  cualquier lugar visible desde cualquier carretera estatal. En aquel momento desapareció la  rotulación de las vallas, aunque debido a las numerosas voces que se sumaron a favor de mantener las icónicas vallas del toro de Osborne, finalmente el toro fue «indultado» por el Tribunal Supremo en base a su interés cultural y social.

Actualmente son 90 los toros de Osborne que están ubicados estratégicamente en las principales carreteras españolas. Su presencia en medios de comunicación es permanente. Con sus más de 50 años de vida, el Toro de Osborne es todo un símbolo que pervive gracias a Manolo Prieto, un maestro del diseño.

Para mas información.fundacionmanoloprieto.org

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