EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE.

Un túnel, luces blancas al final, sentir que el alma abandona tu propio cuerpo y contemplarlo desde fuera, ver pasar tu vida en imágenes… No se trata de algo paranormal sino de una ilusión. Algunas enfermedades o un fuerte trauma pueden hacernos creer que hemos muerto.

Es lo que se conoce como experiencias extracorpóreas y la ciencia ha encontrado una explicación neurológica que tiene que ver con un funcionamiento anormal de la dopamina y del flujo sanguíneo.

Según una investigación llevada a cabo por científicos de las universidades de Cambridge y Edimburgo, y publicada en la revista científica ‘Trends in Cognitive Sciences’, muchos de estos fenómenos pueden explicarse biológicamente.

Los investigadores afirman que la sensación de estar muerto no se limita a las experiencias cercanas a la muerte. Los pacientes con síncrome de Cotard o del “cadáver ambulante”  tienen la sensación de que han fallecido después de un trauma muy fuerte o en etapas muy avanzadas de algunas enfermedades -fiebre tifoidea y esclerosis múltiple-, debido a cambios en la corteza parietal y prefrontal.

“La corteza parietal normalmente está implicada en los procesos de atención, y la corteza prefrontal en los delirios observados en enfermedades psiquiátricas como la esquizofrenia”, explica el neurocientífico Dean Mobbs, de la Universidad de Cambridge. Aunque se desconoce el mecanismo detrás de este síndrome, una posible explicación es que los pacientes tratan de dar sentido a las extrañas experiencias que están teniendo.

En cuanto a las experiencias extracorpóreas se sabe que son comunes durante los patrones de interrupción del sueño que preceden  inmediatamente al sueño o al despertar. Un estudio de 2005 encontró que pueden inducirse artificialmente experiencias extracorpóreas estimulando la unión temporoparietal derecha en el cerebro, lo que sugiere que la confusión respecto a la información sensorial puede alterar radicalmente la forma en que uno experimenta su propio cuerpo.

Por otro lado, algunos medicamentos y drogas pueden desencadenar euforia, experiencias extracorpóreas y alucinaciones. Por ejemplo, la ketamina afecta al sistema opioide del cerebro, que puede activarse de forma natural cuando los animales son atacados o generarse, en el caso del ser humano, como consecuencia de  un gran trauma.

El Parkinson implica un funcionamiento anormal de la dopamina, un neurotransmisor que puede provocar alucinaciones. Y cuando se trata de la experiencia común de revivir momentos de la propia vida, uno de los culpables podría ser el locus coeruleus, una región del cerebro medio que libera noradrenalina, una hormona del estrés que se esperaría que se liberase en altos niveles durante un trauma. El locus coeruleus está muy conectado con las regiones del cerebro que controlan las emociones y la memoria, como la amígdala y el hipotálamo.

En definitiva, las pruebas científicas sugieren que todas las características de las experiencias cercanas a la muerte tienen alguna base en una función anormal del cerebro.

Fuentes: abc.es; cienciakanija.com

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