LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN

¿Has tenido un mal año y te preguntas por qué a los millonarios les sale todo bien? Consuélate, la página web estadounidense investopedia.com se ha puesto de tu lado y ha elaborado una lista con los errores más costosos de los ricos y famosos.

Desde la adinerada familia canadiense Howey, que malvendió la mina de níquel más grande del mundo sin conocer su valor, hasta el magnate de los casinos Steve Wynn, que atravesó con su brazo un Picasso valorado en más de 100 millones de dólares. Los ricos también lloran y, si no te lo crees, léelo tú mismo.

Unas piedras valiosas
En 1883, buscando a un trabajador desaparecido durante la construcción de una línea de ferrocarril en Canadá, el doctor William Howey encontró unas extrañas piedras de color verdoso. Su curiosidad hizo que las enviase al Servicio Geológico Nacional para que las analizasen. El resultado fue frustrante, las rocas no valían nada y Howey decidió vender el terreno donde las halló.

Sólo un año después, Thomas Murray, el nuevo propietario, decidió buscar una segunda opinión, que resultó sorprendente. No había dudas, las piedras pertenecían al mayor yacimiento del mundo de níquel. Casi siglo y medio después del descubrimiento, los herederos de Murray vendieron en 2006 la Internacional Nickel Company, segundo mayor productor de este metal del planeta, por más de 17.000 millones de dólares.

Un golpe de mala suerte
Mala suerte tuvo también el inversor Steve Wynn, uno de los padrinos de los casinos de Las Vegas. Conocido como un gran coleccionista de arte, hace justo cuatro años Wynn reunió en su casa a un selecto grupo de amigos para enseñarles por última vez la joya de su colección: “El Sueño”, de Picasso.

El magnate acababa de cerrar su venta por 139 millones de dólares pero, con la emoción del momento, el sueño se convirtió en pesadilla. De manera accidental, su brazo atravesó el lienzo ocasionándole un daño que, aún restaurado, le costó nada menos que 85 millones de dólares.

Desapariciones muy caras
Contar con un refinado gusto artístico también le salió caro al ex tenista y comentarista televisivo John McEnroe. El ex campeón de Wimbledon debió enfurecer como en sus mejores tiempos sobre la pista después de que Lawrence Salander, un marchante de arte de Nueva York, le convenciera de que invirtiera dos millones de dólares en los cuadros Pirata I y Pirata II de Arshile Gorky. Una operación redonda salvo porque Salander olvidó comentarle a McEnroe que él no era el propietario de las obras antes de esfumarse con el dinero.

Desaparecer le habría gustado también al actor Eddie Griffin después de destrozar contra un muro de hormigón un Ferrari modelo Enzo Ferrari, una edición limitada de sólo 400 unidades, valorado en 1,5 millones de dólares. Lo peor no fue el accidente, sino que el deportivo pertenecía a su jefe, el productor cinematográfico Daniel Sadek. Pero, aunque parezca imposible, la situación fue aún peor para Griffin: Redline, la película que promocionaba cuando estrelló el coche, y producida por Sadek, fue un sonoro fracaso y el actor desapareció de las carteleras de Hollywood.

¿Aún te quejas  de mala suerte?

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